El cartílago de la rodilla es la capa que recubre los huesos que están localizados en las zonas de contacto articular, entre ellas: fémur, rótula y tibia. El cartílago de la rodilla tiene su propio espesor, cuando este se va desgastando comienzan a aparecer los primeros signos de artrosis.
No obstante, el tema de las lesiones de cartílago es más extenso de lo que todos imaginan, ya que existe una gran cantidad de problemas como: osteocondritis, lesión condral, úlcera del cartílago, entre otras, que pueden darse en múltiples ubicaciones dentro de la rodilla; lo que tiende a generar confusión en el paciente antes del diagnóstico definitivo.
La cirugía de cartílago de la rodilla amerita la toma de decisiones individualizadas y enfocadas en el paciente, considerando que el tipo de lesión presenta características únicas y diferentes en cada caso.
La experiencia del cirujano ortopédico también desempeña un papel fundamental en los resultados de la cirugía, debido a que las técnicas quirúrgicas que este utilice, van a necesitar de mucha pericia para que la reparación del cartílago sea todo un éxito.
Debemos recordar que tanto los ortopedistas como el resto de los profesionales de la medicina, nos basamos en el principio de conseguir el máximo beneficio con el mínimo daño posible, esto nos lleva a idear las mejores estrategias de tratamiento para cada paciente.
El cartílago de la rodilla es lo que se denomina un “cartílago de carga”, funcionando como un amortiguador para soportar el impacto en las rodillas al caminar, correr, saltar, levantar peso y demás.
Cuando este sufre una lesión ya sea por sobrepeso, presión excesiva, sobrecarga, traumatismo u otro factor externo o interno, no hay forma natural para que se regenere por su propia cuenta, es por ello que las personas sienten más y más dolor si no son tratadas oportunamente.
Si los problemas del cartílago de la rodilla se dejan avanzar y no se busca una solución médica, es probable que además de sentir un dolor intensificado e invalidante, también aparezca incapacidad funcional, debilidad, fallos en la pierna, inflamación y rigidez.
Existen muchísimas técnicas para tratar las lesiones del cartílago articular, pero en la elección de las más adecuada se deben considerar las características propias de la lesión y las condiciones particulares del paciente.
Entre las interrogantes que los médicos evaluamos, podemos mencionar: ¿Con qué tipo de lesión estamos tratando?, ¿Cómo es la lesión?, ¿Cuál es su profundidad?, ¿Qué tamaño tiene?, ¿En qué zona está localizada?, ¿Cuál es la edad del paciente (es una persona joven o mayor)?, ¿Qué actividades realiza habitualmente?, ¿Es deportista o sedentario?, ¿La lesión se generó por causas externas o existe una patología degenerativa hereditaria?.
Una vez valorada toda esta información, se decidirá cuál es el procedimiento acertado para ese paciente en particular. Algunas de las técnicas quirúrgicas más comunes son:
Es un procedimiento muy frecuente en pacientes con lesiones menores a los 2 centímetros y con poca profundidad. En esta cirugía, el médico retira los pequeños fragmentos de cartílago suelto (que se han desprendido por el daño) para mejorar la sensación de bloqueo al caminar. La condroplastia se puede acompañar con otros métodos de estimulación o infiltración, con el objetivo de impulsar el crecimiento de cartílago nuevo en el área de la lesión.
Esta técnica ejecutada a través de artroscopia se enfoca en lesiones mínimas (menores a los 3 cm de diámetro). La cirugía consiste en realizar micro perforaciones controladas en la zona calcificada de la base del cartílago; estos orificios funcionarán como un puente para unir a la lesión con las células mesenquimales que se encuentran activas debajo del cartílago. Esta unión con las células, fomentará con el tiempo el crecimiento de un tejido nuevo que es muy parecido al cartílago original de la rodilla.
Esta es una cirugía abierta donde el médico extrae porciones limitadas de cartílago sano (provenientes de un área de menos exigencia de la misma rodilla) para injertarlas en el área lesionada. Generalmente, este método se utiliza en pacientes con lesiones pequeñas (no más de 2.5 cm) y profundas (con daño que puede llegar hasta el hueso subcondral).
El implante de cartílago es una opción quirúrgica que tiene como finalidad evitar el desarrollo de una artrosis severa, prolongar la vida útil de la articulación y detener un procedimiento más invasivo como la prótesis. En una primera cirugía, se extrae una porción de cartílago que servirá para cultivar células de condrocito por unas 4 o 6 semanas, pasado este tiempo, se realiza una segunda intervención para trasplantar los condrocitos sobre la lesión.
Cuando el daño no se limita solamente al cartílago sino que también afecta severamente al hueso, es necesario recurrir a una cirugía para extraer tanto el cartílago como el hueso dañado y reemplazar con prótesis las partes lesionadas de la articulación de la rodilla.
El desgaste del cartílago de la rodilla puede limitar las actividades diarias de las personas que lo padecen, por ello, cualquiera de las cirugías mencionadas anteriormente tienen el mismo objetivo en común; frenar el deterioro articular y restaurar la movilidad para que el paciente recupere las funciones que había perdido.
El tiempo de recuperación puede tener ligeras variaciones de acuerdo a la cirugía de cartílago que usted ha recibido. En promedio, las cirugías por laparoscopia requieren al menos de 4 semanas de inmovilización total de la pierna mientras el cartílago crece, adicionalmente, deberá utilizar muletas por un período estimado de 6 a 8 semanas; finalizado este tiempo y cuándo su médico así lo apruebe, podrá comenzar con la terapia física de rehabilitación la cual puede alargarse de 3 a 6 meses dependiendo de su evolución.
Las cirugías complejas conllevan a un proceso recuperatorio más prolongado, donde el paciente debe guardar reposo y evitar ponerse de pie, soportar peso o caminar con la pierna operada durante algunas semanas. El tiempo exacto, lo estipulará el médico tratante luego de las revisiones postoperatorias de rutina.
Aunque en la artroscopia de rodilla las complicaciones no suelen aparecer con frecuencia, siempre hay mínimas probabilidades de riesgo. En este caso esos riesgos son:
Sangrado articular interno.
Daño a otras partes del cartílago, ligamentos o meniscos.
Coágulos de sangre en la extremidad.
Si el paciente fue sometido a una operación de prótesis de rodilla, debe estar consciente de que estas estructuras mecánicas pueden generar un rechazo; esto traería como consecuencia: fiebre, malestar general, dolor, enrojecimiento en el área de la operación, inflamación y segregación de líquidos por la herida.
Ante la aparición de cualquier síntoma anormal, le recomendamos mantener la calma y ponerse inmediatamente en contacto con su médico tratante.
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